La ciudad de Terrassa se encuentra en un punto de inflexión respecto a la calidad y la gestión de su sistema de salud pública. A pesar de las grandes expectativas generadas por el Pacto de Salud de Terrassa, firmado en 2023, la realidad actual dista mucho de las promesas, generando un palpable descontento entre los ciudadanos y los profesionales del sector. La situación pone de manifiesto una preocupante falta de agilidad y de cumplimiento por parte de las administraciones responsables, que parecen incapaces de traducir los acuerdos en mejoras tangibles para la población.
Hace ya tres años, el Ayuntamiento de Terrassa y el Servicio Catalán de la Salud (CatSalut) sellaron un convenio que prometía una modernización y un refuerzo sustancial de la red sanitaria local. Entre los puntos clave de este pacto se encontraban la construcción de un nuevo Centro de Urgencias de Atención Primaria (CUAP) y un CAP anexo en la zona de Països Catalans, la creación de un nuevo CAP Nord en la avenida Béjar y la ampliación del CAP Sud. Sin embargo, a día de hoy, estas iniciativas se encuentran estancadas o avanzan con una lentitud exasperante, con fechas de inicio de obras pospuestas hasta 2027 o incluso 2028, y la financiación para algunas de ellas aún sin concretar.
La Comisión de Entidades por la Sanidad Pública de Terrassa, junto con colectivos como Marea Blanca, Sanitàries en Lluita y Metges de Catalunya, ha alzado la voz de manera reiterada, reclamando cambios reales y soluciones inmediatas. La frustración es comprensible: mientras las necesidades asistenciales crecen a causa de los cambios demográficos y el aumento de la población, la respuesta institucional se percibe como insuficiente y tardía. Las largas listas de espera para consultas especializadas y las condiciones laborales precarias de muchos profesionales sanitarios son solo la punta del iceberg de un sistema que muestra evidentes signos de agotamiento.
La situación actual no solo afecta a la atención primaria y las urgencias, sino que también incide en la salud mental y la atención sociosanitaria, áreas que requieren una inversión y una gestión mucho más eficientes. Es imperativo que las promesas no queden en papel mojado y que se establezcan mecanismos de control y rendición de cuentas claros. La ciudadanía de Terrassa merece una sanidad pública de calidad, con equipamientos modernos y profesionales en condiciones dignas, que puedan ofrecer la atención que nuestros vecinos necesitan y merecen.
Desde este medio, siempre hemos defendido una gestión responsable y eficaz de los recursos públicos. La sanidad no es un gasto, sino una inversión fundamental en el bienestar de nuestra sociedad. Es hora de que las administraciones actúen con la diligencia y la seriedad que la situación demanda, dejando de lado las promesas vacías y centrándose en la ejecución de un plan que garantice una sanidad robusta y accesible para todos los egarenses. La presión ciudadana y profesional es un claro indicador de que la paciencia se agota y que la exigencia de soluciones concretas ya no puede ser ignorada.
El futuro de la sanidad en Terrassa depende de decisiones firmes y de la voluntad política de cumplir con los compromisos adquiridos. La salud de nuestros conciudadanos no puede ser moneda de cambio en el juego político, sino una prioridad ineludible que requiere acción inmediata y resultados visibles.

